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SUS MILAGROS


Posted on August 22nd, by admin in Letras Chamamé. No Comments

Se lo consigna muy antiguo. Le tocó al cura párroco de Itatí el Padre Fray Juan Gamarra, gran hablista guaraní, levantar una exposición de muchísimos y variados milagros con el aval de los síndicos oficiales: de entre medio centenar de milagros entre principales y muy conocidos figuran los muertos vueltos a la vida, enfermos de peste, algunas de la que asolaban periódicamente a las poblaciones que se debatían sin los medios sanitarios de la actualidad, graves y en trance de morir unos, otros en apuros ante contingencias inoportunas y de peligros, la mayoría atragantados con espinas de pescados, la comida habitual, común y apreciada por los naturales, picaduras de víboras venenosas, etc.
Estos milagros muy patentes por recientes y conocidos de todos tienen un valor de gran alcance. A los pocos años de la fundación del pueblo en su nuevo lugar 1615, es un período relativamente corto. Que ya en 1624 se tenga una relación completa con todos sus detalles dice a las claras de la realidad y verdad jurídica de cuanto se consigna en este capítulo de los milagros.
Itatí entraba definitivamente en el concierto de los pueblos privilegiados. Su fama era ponderable, de mucho peso, su Patrona y Madre desde su templo humilde imperaba a lo largo y a lo ancho del imperio guaraní. Autoridades militares, gobernadores y eclesiásticos llegaban a su puerto, ganados por el amor y el ansía de contemplarla, con deseo de rezar impetrando sus favores o agradeciendo sus gracias. Nadie escapó a este tipo de influjo, los indios primeramente, los españoles después y nosotros ahora.
Sus milagros, si son muchos los cuerpos, son mucho más aún los del alma.
Ella se goza en otorgarnos para ayudarnos, fortalecernos y así salvarnos.
La relación legalizada de los milagros hecha por el Padre Fray Juan de Gamarra es elocuente y estupenda.
Contiene todo lo necesario para que pueda tener resonancia en todos los medios. Los indios en su mayoría eran contemporáneos y algunos actores de tales relatos, los españoles pudieron comprobar de visu a los privilegiados de los indicados en la corta relación. Y para los de afuera los detalles y pormenores, más la aprobación oficial levantada bajo juramento in verbo sacerdotis daban a los hechos reales magnitud y jerarquía.
La larga serie de beneficios otorgados por la Virgen para bien y provecho de los naturales movió al párroco Fray Juan de Gamarra a llevarlos anotados para mandarlos refrendar por sus superiores y el notario público de Corrientes. De esa manera esta inmensa riqueza de los dones de Dios concedidos por intersección de su Madre fueron salvados del olvido y vinieron a llenar la mejor página de la maternal y delicada historia de la Virgen de Itatí.
Los portentos de Itatí se extendían a lo largo y a lo ancho de la conquista en este extremo de las Américas. De todas partes, aún de las más distantes llegaban en demanda de socorro o de rendida gratitud.
Lógico es pensar que si de tan lejos se llegaba a Itatí, había llegado a estos lugares distantes la fama de la Virgen. Si es verdad que son múltiples los milagros relatados, hay otro muchísimos más que no se relatan y que son los que en verdad traen aparejados un amor más hondo y duradero, porque no se trata ya solamente del cuerpo sino también del alma.
Antes los oratorios y las capillas del Yaguarí, después las pobres y pequeñas iglesias del Itatin, hasta las recientes más espaciosas para llegar al santuario actual, todos estos recintos fueron testigos mudos de multitudes de milagros del alma…
Entresacamos algunos milagros de los apuntados por el Fray Juan de Gamarra. Relatados sencillamente tienen el sabor de la veracidad. Son informaciones jurídicas refrendadas por notarios públicos.
La mujer de Mateo Díaz, de la ciudad de Vera llamada Mariana Bueno, vino a novenar, con una niña ciega de nacimiento, y ella enferma de un incordio, y antes de que cumpliera sus novenas cobró vista la niña, y ella dijo: asimismo, que fueran testigos, el P. Fray Juan Alvarez, predicador de nuestra sagrada Religión de San Francisco, Mateo Díaz y casi todo Corrientes, que vieron a la niña antes que viese y la han visto después.
Un hijo de María Salinas de la ciudad de Vera, llamado Rodrigo, de edad de once a trece años cayó muerto repentinamente, y yendo a llorarle una prima suya, llamada María Velazco, hija de Martín Sánchez, delante de mucha gente que allí estaba, le ató a la cabeza una cinta medida de esta imagen, y tocada a ella el muchacho luego volvió en sí, y vivió y sano.
En una chacra, dos leguas de esta Reducción, picó una víbora, de las muy ponzoñosas, a un indio llamado Alonso Nareará, de casa del cacique José Royty, y le trajeron a este pueblo donde se le hicieron los remedios ordinarios, y se confesó por estar muy fatigado, con la mucha sangre que echaba por la boca y por todas las coyunturas de aquel lado, quedó desmayado, que lo lloraron por muerto y llegó a él Juan Guayamaró sacristán de esta iglesia, y le ató a la cabeza una cinta tocada a esta santa imagen, y volvió el indio en sí, y quedó con vida y sano fue patente a todos los que vieron, y a mi me consta que lo vi, por ser verdad lo firmo de mi nombre Fray Juan de Gamarra.
En el pueblo de la limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, en diez y siete días de septiembre de mil seiscientos treinta años María Boy , mujer de Lucas Bayay, estando en su chacra se le cayó muerta una hija suya, de teta, llamada María, y le echó al cuello un rosario tocado a esta santa imagen, y le trajo corriendo a esta santa imagen y así como llegó cerca de la iglesia volvió la criatura en sí, y con todo no quiso tomar el pecho de la madre, hasta que la metieron en la iglesia, luego al momento, empezó la criatura a mamar y llorar, quedó sana del todo, y la india salió fuera espantada, y empezó a contar el caso con gran admiración y lo mismo causó a los oyentes que fueron muchos naturales, en mi presencia y dos españoles García de Seipédez y Asencio Minsoles, y lo firmaron de sus nombres y yo juntamente.
Yo Juan Rodríguez de Aguilera, notario público del juzgado eclesiástico y de la Santa Cruzada, en la ciudad de San Juan de la Vera de las siete Corrientes, testifico y doy fe del verdadero testimonio a todos los que la presente vieren, como ayer 5 de octubre de 1631 el Padre Fray Juan de Gamarra, doctrinante de esta reducción, descubrió la santa imagen para tenerla así hasta que alcanzase de su preciosísimo Hijo, remedio de necesidad presente en que esta este pueblo, con grandes secas y muchas langostas, y teniéndola con decencia posible, con velas encendidas como a las tres de la tarde estando ocupado el Padre en el entierro de una criatura, vino a él muy determinado y espantado un indio llamado Diego Beramini y le dijo Mira Padre, que allí junto al altar de Nuestra Señora, se oye una música, vení a verla y se fue el Padre al altar muy de prisa y estuvo un gran rato, y no se oyó nada, y preguntando a los que por allí estaban en la iglesia, a un cacique y como indios particulares e indias y a dos mujeres españolas, dijeron todos que han oído dicha música en todo el tiempo que el padre se tardó en el entierro, y toda la tarde se estuvo con cuidado y no sé oyó nada más solo cuando se le cantó la Salve sobre la tarde, se vio a la imagen extraña hermosura en el rostro, y hoy lunes que se contaron seis del mes de octubre, a las nueve del día, entraron avisar al Padre que estaba en su habitación, de cómo la música tornaba y vino a la iglesia y vinimos todos los españoles hombres y mujeres que ahí estábamos, que son los infrascritos, y oímos sobre el altar de dicha imagen, una música que se distinguía, que fuese a modo de flautas, aunque hacia diferencia en el sonido, que parecía no ser uno en el sonido y esto no era continuado, y finalmente todos los que la oyeron confesaron les causaba pavor y espeluzamiento y algunos temblores, y a mi me sucedió el mismo pavor y hubo gran espanto entre la mucha gente que a la iglesia acudió, que la oyesen asimismo indios e indias, muchachos y muchachas. Los españoles que se hallaban presentes fueron: José Lovera, vecino de la ciudad de la Asunción del Paraguay y Juan Enriquez y su mujer María Perez, Mateo Díaz y su mujer María Bravo y a mi, sin contar muchos indios e indias, que hubo como dicho tengo y para que en todo tiempo conste, que pedimento de dicho Padre Fray Juan Gamarra, que asimismo se halló presente, di la presente firmada de mi nombre en el pueblo, día, mes y años dichos. En testimonio de verdad Juan Rodríguez de Aguilera, notario público.
<br /><br />AUTOR: PADRE ISAAC MOSQUEDA





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